6 ago. 2011

Égloga Primera: Salicio y Nemoroso (Fragmento)


Salicio 
¡Oh más dura que mármola mis quejas,
y al encendido fuego en que me quemo,
más helada que nieve, Galatea!
Estoy muriendo, y aun la vida temo,
témola con razón, pues tú me dejas;
que no hay, sin ti el vivir para qué sea.
Verguenza hay que me vea
ninguno en tal estado
de ti desamparado,
y de mi mismo yo me corro agora.
Salid sin duelo, lágrimas corriendo.
.....
Por ti el silencio de la selva umbroso,
por ti la esquividad y apartamiento
del solitario monte me agradaba ;
por ti la verde yerba, el fresco viento
el blanco lirio y colorada rosa
y dulce primavera deseaba.
¡Ay cuanto me engañaba!
¡Ay cuan diferente era!
y cuan de otra manera
lo que en tu falso pecho se escondía!
Salid sin duelo, lágrimas corriendo.

Nemoroso
En este mismo valle, donde agora
me entristezco y me canso, en el reposo
estuve ya contento y descansado.
¡Oh bien caduco, vano y prsuroso!
Acuérdome durmiendo aquí algún hora,
que despertando, a Elisa vi a mi lado.
¡Oh miserable hado!
¡Oh tela delicada
antes de tiempo dada
a los agudos filos de la muerte!...
¿Quien me dijera, Elisa, vida mía,
cuando en aqueste valle el fresco viento
andábamos cogiendo tiernas flores,
que había de ver con largo apartamiento
venir el triste solitario día
que diese amargo fin a mis amores?
El cielo en mis dolores
cargó la mano tanto,
que a sempiterno llanto
y a triste soledad me ha condenado;
y o que siento más es verme atado
a la pesada vida y enojosa,
solo desamparado,
ciego sin lumbre en cárcel tenebrosa.