7 ago. 2011

Fuenteovejuna


     Fuenteovejuna está considerada como una de las obras maestras de Lope de Vega. Está dividida en tres actos, conforme a las convenciones del autor, presentadas en su libro ''El arte nuevo de hacer comedias'' . En cada acto se procura contar la acción en un solo día. Se busca mantener constante la atención de los espectadores a través de los tres actos.
Encontramos en esta obra tres núcleos dramáticos diferenciados en una estructura compleja. Uno de ellos es el núcleo de carácter histórico. La acción se desarrolla en la España de finales del siglo XV, y más exactamente en 1476. El rey Enrique IV había muerto en 1474, y la sucesión al trono había provocado una contienda que llevaría a una guerra civil. Las aspirantes al trono eran doña Juana, casada con Alfonso V de Portugal y apoyada por una parte de la nobleza castellana, y la hermana del Rey, Isabel, casada con Fernando de Aragón (los soberanos que más tarde recibirían el nombre de Reyes Católicos). Sus partidarios negaban el derecho de doña Juana a acceder al trono, puesto que no la consideraban hija de Enrique IV, sino de un cortesano, don Beltrán dela Cueva, por lo que se referían a ella despectivamente como la Beltraneja.

     En el conflicto que, como hemos dicho, dividía a la nobleza castellana, también surgía el choque entre la vieja ideología feudal y la naciente ideología que sostenía la necesidad de construir una monarquía fuerte, que sin anular la aristocracia se proponía dar al Estado una firme unidad, concentrando el poder en las manos del rey, con la evidente reducción de los poderes feudales. En resumen, una visión más moderna de la realidad política.
     Cuando Lope, a ciento cuarenta años de distancia de los hechos, escribe Fuenteovejuna, en España se había afirmado la monarquía absoluta, que, como hemos visto, se había originado en la política de los Reyes Católicos. Lope siempre defendió el sistema político dominante en su tiempo. El poeta era consciente del hecho de que su público compartía sus ideas: se movía en el ámbito de un patrimonio ideológico común.
     En el plano histórico tenía una fuente muy precisa: el episodio ocurrido en Fuente Ovejuna en 1476, es decir, el asesinato, a manos del pueblo enfurecido, del señor de la aldea, Fernán Gómez, comendador de la Orden de Calatrava, a causa de su comportamiento deshonesto y violento. Este episodio era conocido por la gente al haberse difundido mediante cuentos populares o romances, Lope seguramente lo eligió como argumento de su comediapara provocar interés en el público.
     Al núcleo histórico que hemos intentado exponer sintéticamente, se une otro núcleo temático, el que se refiere al aspecto más propiamentepolítico.
     Otro núcleo temático es el político. En el conflicto entre la aristocracia feudal y los Reyes Católicos, ocupaban una posición especialmente delicada las órdenes religioso-militares. Estas órdenes a menudo, se enfrentaban a los soberanos: muchos de sus miembros habían llegado a cometer verdaderos abusos. La época era también la de la creciente importancia social de la clase de los labradores, terratenientes que reivindicaban una particular posición social que los acercaba a la nobleza, en función de una afirmada limpieza de sangre a la que iba unido el concepto de su honor. La monarquía, por otra parte, veía en ellos un posible apoyo a su política, orientada hacia la eliminación de los últimos residuos feudales: también éste era un buen motivo para provocar el interés del público, gracias a su «actualidad».
     En la escena que da fin a la comedia, el Rey parece aceptar la justificación que en nombre de todas las gentes de Fuente Ovejuna pronuncia el alcalde Esteban: «La sobrada tiranía / y el insufrible rigor / del muerto Comendador / que mil insultos hacía, / fue el autor de tanto daño. / Las haciendas nos robaba / y las doncellas forzaba / siendo de piedad extraño», y absuelve al pueblo porque no es posible determinar la identidad de los culpables concretos: «Pues no puede averiguarse / el suceso por escrito, / aunque fue grave el delito / por fuerza ha de perdonarse». Se afirma, pues, en el plano político, por una parte, que el derecho de hacer justicia le corresponde al rey y, por otra, que la justicia no puede desligarse del respeto de unos principios morales determinados.
Indirectamente, se justifica el levantamiento popular. Así pues, la conclusión ofrecida por Lope es coherente con el sistema político vigente, pero también es indudable que está de acuerdo con el pueblo que se rebela ante la injusticia. Por encima de todo, queda bien representado en el plano dramático, encarnado por los personajes, el conflicto entre los conceptos de justicia y libertad por una parte, y de la autoridad que debería garantizarlas por otra, cosa que no ocurre porque la autoridad se vuelve una injusta tiranía. Esto hace que el mencionado conflicto sobrepase las fronteras de un momento limitado en el tiempo y en el espacio: hace que adquiera una dimensión universal y atemporal.
     Existe luego un tercer núcleo temático, el núcleo moral, y que encuentra su expresión concreta en el pueblo de Fuente Ovejuna, un personaje más de la obra, precisamente porque son los labradores, las gentes sencillas del campo, quienes encarnan los valores fundamentales de la vida honrada, esos valores que nos dio Dios y que Lope expresa a través de las acciones y también de los discursos de los hombres y mujeres del pueblo. Ellos debaten el tema de la aldea que se opone a la corte, el tema del honor que se diferencia del deshonor, así como se diferencia, por otra parte, el verdadero amor de la pasión ciega. De manera gradual, la virtud de quienes viven en el campo surge del contexto dramático, y la escena final de la conciliación vuelve a proponer, en términos políticos, el ideal de una armonía que la población del campo conocía, pero que había sido violado por una autoridad injusta y tiránica.
     Si tres son los núcleos fundamentales de la comedia, no creo que sea buena idea aislar uno de ellos como principal y considerar a los demás como secundarios; considero más bien que el espectador/lector debería reflexionar sobre la forma en que los tres temas se entrelazan y se funden para llegar a componer una obra muy sólida.
        Así como tres son los núcleos temáticos de la comedia, tres son también los ámbitos sociales en los que se desarrolla la acción. El primer ámbito es el de la sociedad feudal tardía, la vida del pueblo de Fuente Ovejuna. El comendador que la gobierna no ejerce su poder en el respeto de las leyes, y por consiguiente traiciona los mismos principios feudales de los que deriva su autoridad. No se presenta como un señor, sino como un tirano.
     El segundo ámbito es el del pueblo: en Fuente Ovejuna, el pueblo es víctima del tirano, pero se convierte en protagonista de una reacción ilegal en sí misma, aunque capaz de restablecer la condición moral, el orden y la armonía que deben constituir la base de una correcta organización social. Precisamente porque el pueblo ha conservado puras sus costumbres, porque lleva una vida sencilla, opuesta a la vida corrupta de la ciudad, profundamente respetuosa de la ley cristiana, acabará por ver reconocidos sus derechos. Pero ello ocurrirá también porque, a su vez, estará dispuesto a reconocer la autoridad del Rey.
     La monarquía, que ha sabido imponerse sobre el feudalismo y ha reunido a su alrededor lo mejor de la aristocracia, es el tercer ámbito social en que se mueve la acción de la comedia: es el elemento capaz de reconciliar los valores de la aristocracia y del pueblo. La comedia concluye, en efecto, con el triunfo de los Reyes Católicos, garantes de la justicia: ellos, al promover la paz, restablecen la armonía entre todos los súbditos.
     Los tres ámbitos sociales que se entrecruzan en la obra (y que se distinguen por la variedad del lenguaje), se juntan en la escena que pone fin a la comedia, salvando así la unidad teatral. La conciliación de los conflictos al final es una solución ideológica y dramática: el final feliz es el lógico final de la acción.
     Si nos acercamos al texto de la comedia, encontraremos, ya en la primera escena del primer acto, lo rápido que Lope introduce a los personajes, generando la acción a través de sus diálogos. Un diálogo aparentemente menor y casi convencional entre el Comendador y dos de sus criados, se trata sobre la oposición entre los conceptos de cortesía y descortesía. Precisamente el Comendador, que sostiene lo importante de la cortesía en las relaciones humanas, acabará por negar sus declaraciones de principios por una serie de acciones sucesivas que el público verá como inmorales. En la base de estas acciones se encuentra una mal entendida conciencia estamental: es decir, el concepto de que el señor lo puede todo y el vasallo tiene que aguantarlo todo. Lope representa sin duda, en el Comendador, una ideología en decadencia: el señor feudal que ha traicionado el ideal del caballero medieval. Esto se verá más claramente en el resto de la comedia, pero Lope introduce ya la duda sobre la sinceridad del personaje: el defensor de la cortesía, se esfuerza por convencer al Maestre de Calatrava de que cometa un acto de traición, es decir, el de tomar las armas contra el Rey.
     Con un rápido cambio de escena, y con la técnica de presentarnos directamente los personajes y la acción, Lope nos transporta del ámbito señorial al popular: la gente del pueblo de Fuente Ovejuna se nos presenta mientras sostiene un debate sobre el concepto de cortesía y sobre los enmascaramientos hipócritas de la misma «allá en la ciudad». Pero no se trata de una escena aislada: está vinculada con el argumento, pues antes de ella encontramos un diálogo entre dos aldeanas refiriéndose a los abusos que el Comendador suele cometer con las mujeres del pueblo. Las dos mujeres expresan en oposición dos actitudes distintas: Laurencia es la que se proclama segura por su fuerza moral de poder hacer frente, mientras que Pascuala es la que se muestra más débil, considerando incluso imposible resistirse.
     Así pues, Lope muestra a su público el comportamiento deshonesto del señor, y por otro lado señala la fundamental virtud y moralidad del pueblo. El tirano que acecha a las muchachas y que se considera, por su nobleza, el único que puede gozar del honor, se ve vencido por la gente sencilla, los villanos que son más puros de corazón, y los verdaderos merecedores del honor.
     En este punto interrumpe la conversación de los labradores la llegada de uno de los criados del Comendador, Flores, que nos lleva de nuevo al tema histórico: relata la empresa del Maestre de Calatrava, que con la ayuda de las tropas del Comendador ha conquistado Ciudad Real. La narración tiene una especial fuerza representativa, sobre todo allí donde se detiene en el violento asalto a la ciudad y en las crueles represalias hacia los ciudadanos. Lope introduce hábiles contrastes críticos, puesto que, junto a las hazañas militares de los vencedores, presenta también la lealtad de la ciudad a la Corona, y la desesperada defensa de sus bienes: «La ciudad se puso en armas; / dicen que salir no quieren / de la corona real / y el patrimonio defienden»; pero, sobre todo, con complicidad al público, que sabe dirigir a donde quiere, pone en boca del narrador la observación de que las empresas de una orden religioso-militar deben dirigirse a combatir y derrotar a los moros («porque la Cruz roja obliga / cuantos al pecho la tienen, / aunque sean de orden sacro; / mas contra moros, se entiende»), cuando el episodio pertenecía a una guerra civil.
     Luego del relato de Flores, se celebra una fiesta que el pueblo le ofrece a su señor: acompañado por música y cantos, un cortejo avanza alabando al Comendador, ofreciendo regalos. ¿Merece el Comendador todo esto? Por lo que Lope ha venido sugiriendo hasta ahora, desde luego se diría que no. Pero no creo que exista ninguna contradicción dentro del drama. En esta escena el dramaturgo quiere demostrar la honrada fidelidad del pueblo hacia la autoridad establecida. De esta manera, el grosero comportamiento del Comendador, que al final de la fiesta quiere retener a Laurencia y a Pascuala, resultará aún más grave. Lope muestra ahora a su público de forma más abierta cómo Fernán Gómez va traicionando su condición de caballero cruzado. Desea apoderarse de las mujeres de la misma manera que captura a los animales cuando va de caza. Piensa que las campesinas son cosas que le pertenecen: «¿Mías no sois?»
     En este momento, Lope interrumpe la acción en la aldea y nos introduce por primera vez y por brevísimo tiempo en el ámbito social más elevado: el de los soberanos que reciben en audiencia a dos regidores de Ciudad Real, y por ellos se enteran de la caída de la ciudad. Inmediatamente, el Rey da las disposiciones necesarias para la reconquista. La acción vuelve inmediatamente a la aldea, donde el Comendador lleva a cabo un nuevo abuso contra Laurencia: tras haberla cortejado inútilmente, intenta retenerla empleando la violencia:«Pongo la ballesta en tierra / y a la práctica de manos / reduzgo melindres». En este momento la acción roza la tragedia: el prometido de Laurencia, Frondoso, llega a tiempo para recoger la ballesta y apuntar con ella al Comendador. No disparará la flecha, pero permitirá la huida de Laurencia y obligará a marcharse a su perseguidor.
Lope ha sabido presentarnos en este primer acto los temas y los personajes principales, y ha creado expectativa en el público que empieza a conocer el argumento.
     Al comienzo del segundo acto el espectador se esperaría la continuación del choque dramático con que se había cerrado el primero. En su lugar, se encuentra frente a otra pausada conversación entre labradores. Se encuentra también entre ellos un estudiante de Salamanca,Leonelo, que protesta por la excesiva facilidad con que se publican libros, y por la vanidad de quienes presumen de ser sabios sin serlo realmente. Se diría que se trata de una escena fuera del contexto dramático. Yo no lo creo así. La escena sirve para presentarnos mejor las características del pueblo. Leonelo es un bachiller: aunque ha manejado libros, ha permanecido cerca de la mentalidad de su gente, de su sencillez y autenticidad natural. Además, la escena crea una pausa de serenidad que prepara hábilmente, por contraste, el efecto dramático de la entrada del Comendador, que pretende nada menos que el alcalde Esteban, padre de Laurencia, regañe a su hija por no haber querido ceder a sus deseos. Ante el rechazo del alcalde y las decididas protestas de éste y del Regidor, junto con la afirmación de la honra de los labradores de Fuente Ovejuna, el Comendador no sabe sino oponer exclamaciones irónicas («¡Oh, qué villano elocuente!») o violentos insultos(«¡Qué cansado villanaje!»), y cuando poco después llega la noticia de que tendrá que volver a partir para la guerra porque Ciudad Real ha sido rodeada por las tropas reales, vuelve a cometer abusos ordenando capturar a la joven Jacinta. Además, mientras se celebra la boda de Laurencia y Frondoso (aquí se celebra la fuerza del amor, como un contraste al tema de la violencia tan brutalmente representada en la propia comedia; el amor virtuoso de Frondoso se opone al amor lujurioso del Comendador) se da un nuevo abuso: el arresto de Laurencia, «¡Volviose en luto la boda!». Lope, al final del acto, ha llevado la tensión al límite más alto, complicando los sucesos para atraer la atención del espectador.
     El tercer acto se abre con la representación de una junta de los ciudadanos de Fuente Ovejuna: tras los últimos sucesos ha aumentado la rabia y el deseo de venganza del pueblo. En el debate se abordan los temas de la lealtad hacia el señor, la condena de su comportamiento inmoral, el deseo de una venganza que es justicia, el miedo a las consecuencias de una eventual actuación violenta. Laurencia (que ha huido) arrastra a todos a decidir la muerte del Comendador y la entrega de la aldea a los Reyes Católicos. La violencia verbal del discurso genera una adecuada respuesta del pueblo, que se subleva unánimemente.
     El gracioso Mengo, el que al principio de la discusión se mostraba más miedoso, decide así: «Ir a matarle sin orden. / Juntad el pueblo a una voz; / que todos están conformes / en que los tiranos mueran». El gracioso adquiere gran importancia en la comedia de Lope; junto a su función propiamente graciosa y relajadora de la tensión dramática, representa la filosofía práctica popular.
     La acción se desplaza a una sala de la casa del Comendador. Mientras éste ordena que ahorquen a Frondoso, la casa es asaltada por el pueblo enfurecido. La ejecución de Fernán Gómez no se produce en escena: el espectador es informado indirectamente por los ruidos y las voces que llegan desde detrás del escenario y por los comentarios de quienes permanecen en él (como en las tragedias griegas). Después, un brusco salto: Lope nos conduce nuevamente al palacio real, donde los soberanos son informados de la reconquista de Ciudad Real, y poco después llega también la noticia de la ejecución del Comendador. El Rey ordena que un juez vaya a Fuente Ovejuna para aclarar los hechos y buscar a los culpables de «tan grave atrevimiento», que merece un «castigo ejemplar».
     Los labradores celebran la muerte del tirano. La noticia de la llegada de un pesquisidor abre un debate: rápidamente, se decide que la aldea no le dará al juez el nombre de ningún culpable. En una especie de ensayo general del juicio, todos se comprometen a afirmar que «Fuente Ovejuna lo hizo». Cuando llega el pesquisidor no consigue arrancar a las bocas de los aldeanos, ni aun con la tortura, nada más que esto. La tortura no se representa en escena: la sugieren las voces de los torturados que llegan de detrás del escenario, que pronuncian únicamente el nombre de Fuente Ovejuna, y la voz del verdugo, cada vez más irritado y casi sádico en el cumplimiento de su labor. Lope no disuelve el episodio cruel en una tonalidad cómica cuando Mengo, el gracioso, con una inesperada actitud heroica, se burla irónicamente del juez, y a la pregunta de «¿Quién le mató?», contesta: «¡Señor, Fuente Ovejunita!»
     Frente al decidido comportamiento de toda la aldea, que causa admiración, el juez no puede sino renunciar a proseguir su investigación, y el pueblo, que ha triunfado, puede celebrar alegremente su victoria. Los soberanos conceden el perdón al Maestre de Calatrava, que se declara arrepentido de sus errores, debidos a la inexperiencia de su joven edad, y aceptan la declaración de vasallaje de la aldea de Fuente Ovejuna, sustraída a la Orden de Calatrava. La justicia, aun a través de una acción ilegal del pueblo, ha triunfado: así, todo queda resuelto. Los núcleos dramáticos se deshacen en una conclusión lógica y coherente en el plano histórico, político y moral.
     Por todo este análisis podemos concluir en unidad de la comedia, gracias a la alternancia de los temas, la variedad de los espacios escénicos y la representación de distintos ámbitos sociales.
     También el lenguaje poético, que alterna el estilo culto con el habla cotidiana o incluso rústica hasta la vulgaridad, se adapta a la necesaria diferenciación de los personajes en las distintas situaciones dramáticas, y a la exposición de los contrastes de sentimientos y pasiones.
     Lope usa muchos recursos literarios: tiene citas mitológicas, usa símbolos y metáforas, pero también hay, en sus versos, muchos aforismos y refranes populares. Esto permite el desarrollo continuo de una moralidad que invade todo el texto pero sin dejarse notar demasiado, pues al final la obra no tiene una finalidad claramente amonestadora o didáctica.
          Cabe observar que la caracterización de los personajes se produce de forma más bien rápida; en efecto, Lope se preocupa más de mover la acción a través de ellos que de ahondar a fondo en el alma de cada uno, pero también es cierto que su caracterización es suficiente, en el plano dramático, para que se noten las diferencias entre cada personalidad. En un texto teatral que se preocupaba, sobre todo, de representar el alma del pueblo en una situación histórica y social bien precisa, se presentaba como más importante la definición de sentimientos corrientes que la profundización de personalidades individuales. La caracterización dada nos permite reconocer a los tipos representativos de la sociedad española del siglo XVI, como al Comendador tirano, Ortuño el inescrupuloso, Laurencia y Frondoso como los jóvenes enamorados, Mengo el gracioso y los reyes justicieros. Creo que a Lope no le interesaba mucho retratar con mayor profundidad o matices a sus personajes cuando lo importante era la trama de fondo.
De todos modos, la presencia de sentimientos e ideales propios de la humanidad en todas las épocas, como el honor, la virtud, el amor, la justicia, la libertad, ha hecho que la comedia se universalice. Su tema la ha convertido en símbolo dramático de la lucha contra la tiranía y la injusticia.

Autor: Lope de Vega